En mi libro Los Ángeles de Wakán Tanka hablo del deporte del deporte del disc-dog o frisbee como una de las primeras actividades surgidas entre el hombre y el perro.

Puede pensarse que es una locura, sin embargo el principio con el que comenzó la relación de nuestros antepasados con los lobos fue el mismo que hoy mueve al perro a hacer este deporte.

Como cazadores corredores cooperativos por acoso, nosotros indicábamos la presa elegida mediante gestos corporales, y seguidamente les lanzábamos palos o piedras. Ese objeto arrojado es una extensión nuestra hacia la presa. En uno de los párrafos dice textualmente:

” La explicación que surge al final de todo, es que la mano humana, es homóloga al hocico canino. La mano humana lame a los cachorros al acariciarlos, es decir actúa como boca. La mano humana regurgita comida, como lo haría un lobo adulto, cuando alimenta los perros, es decir que una vez más actúa como boca. Transporta a un cachorro tomándolo del pescuezo, otra vez actúa como boca. Es lógico esperar que, si los lobos y perros ven a nuestras manos como bocas, interpreten nuestra señalización como que estamos apuntando con el hocico. A esto sumamos que todo el cuerpo apunta en esa dirección, como hacen los lobos alfa, y que colocamos nuestra intención, nuestra energía pulsional en esa presa, todo nuestro cuerpo y nuestra mente esta puesta en la presa, al igual que hacen los lobos alfa, con ello, el perro sabe hacia donde debe ir a poner todas sus energías predatorias.”


Colaboraciones:
Locución María Aranda
Cortina musical de Ella Joy Meir 
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